viernes, 21 de junio de 2013

Kissed By Fire: Capítulo 1 — Dos Conejos.


«If we die, we die. But first we'll live. — Ygritte»

Tuvo que escalar durante varios minutos para llegar, y ya había oscuridad total cuando se acercó a la hoguera al borde del abismo. Ya se veía muy desde lejos, soltó una maldición por lo bajo cuando se dió cuenta. Al lado había un bulto muy grande, dormido. Lo observó con cautela. Allí arriba hacía mucho viento, lo suficiente como para mover su pelo rojo de un lado para otro, como si intentase meterse en sus ojos y sacarlos, pero no lo suficiente para apagar la hoguera, escondida bajo un saliente. Estaba muy oscuro y no conseguía ver nada, pero si estuviese en ese mismo lugar de día habría visto un paisaje completamente diferente, y más hermoso. Como la nieve al caer, trayendo la muerte a su paso. Ygritte se apartó al pelo de la boca y los ojos y volvió a prestar atención al gigante posado en el suelo.
—Eh, Tabit, ¿quieres hacer el favor de levantarte? Ayuda un poco —dijo mientras le daba una patada no muy fuerte en las costillas.
—Soy Rot, estúpida —exclamó junto a un quejido de dolor—. ¿Ya no sabes diferenciarnos? Aparta.
Ygritte sonrió y se sentó en el suelo, a su lado. Rot era un chico no mucho mayor que ella, pero aparentaba bastante más. Tenía mucho pelo en las cejas y la barba le crecía constantemente. Podría resultar atractivo de no ser por su nariz recta y sobresaliente. «Una pena» pensaba Ygritte. Era fuerte, útil... Pero nada agudo ni ágil a la hora de escoger las palabras. Le gustaba tomarle el pelo sin que se diese cuenta. Era el encargado de llevar el cuerno y soplar por el en caso de ataque. Era su obligación: el cuerno antes de la espada. La seguridad de todos antes de la suya. A cualquier señor del Sur, o incluso a un Cuervo, le habría parecido un acto honorable, muestra de coraje y valentía; pero Ygritte era una salvaje, y pensaba que era una estupidez. «Si nos atacasen, me defendería, y no me preocuparía por un cuerno. Puedo gritar y luchar a la vez, ¿no? ¿Qué persona no puede?». Incluso las damas del Sur, pensaba. «Las damas del Sur sobre todo. Todos dicen que gritan mucho en su guerra. Pero en vez de ser una guerra a cielo abierto, con espadas, arcos, lucha y muerte; era una lucha nocturna en la cama de su esposo.» Sin embargo, a Rot la idea del cuerno le parecía maravillosa y le gustaba hacerlo sonar de vez en cuando. Siempre lo llevaba atado a la cintura.
En cambio en ese momento la atención de Rot recaía sobre la pequeña bolsa que Ygritte se encargaba de llevar, con toda su comida.
—¿Sólo dos conejos? ¿Nos estás tomando el pelo? No llegará. Joder, ¿cómo has repartido la comida?
—Cállate —replicó —. Y a no ser que quieras hacerlo tú, te propongo que cierres...
En aquel momento se fijó en Tabit, estaba en el otro lado, afilando su cuchillo. El chico le sonrió y se acercó un todo lo que pudo, tampoco había mucho espacio.
Si Rot era desagradable a la vista, torpe y con rasgos de anciano, Tabit era más bien lo contrario. Era muy alto, firme y musculoso, con los ojos muy claros que parecían abarcar todo el universo, aunque Ygritte no sabía qué era el universo concretamete. Le gustaba subirse a la cima de una colina, o un árbol, y observarlo todo desde allí. Gracias a eso tenía pequeñas arrugas cerca de los ojos. Tenía una expresión firme en la cara, pero al ver a la chica se ablandó un poco.
—Eh, Tabit, mira quién ha llegado. Con sólo dos conejos. No llega ni para desayunar.
—Cierra el pico, Rot. Sólo piensas en comer, maldita sea. Estamos en pleno invierno... —replicó. Tabit tenía la voz  muy grave.
Y siempre se ponía del lado de Ygritte, en todas las discusiones.
—Aquí siempre es invierno, joder. Cruzamos el Muro más de una vez ya, ¿no lo recuerdas? Llaman invierno a esa mierda. ¿Qué saben ellos...? —pronunciaba las palabras con indignación, como si no acabase de creérselo—. No me engañas, Tabit, sólo lo dices para meterte debajo de su capa por la noche, cuando crees que estoy durmiendo.
Y era verdad. Tabit intentaba impresionar a Ygritte de todas las formas posibles, y siempre se insinuaba para meterse con ella cuando cogía su manta de piel de oso, o en su hora de guardia. Rot había desistido hacía mucho tiempo. Ygritte pensaba que intentaría forzarla... Pero nunca lo hizo, a pesar de ser un salvaje. Tal vez por eso sentía simpatía hacia Rot. Pero Tabit era distinto. Una vez, cuando aún estaban con Mance habían tenido algo, pero desde entonces siempre le rechazaba. Sin duda Rot lo había notado, y se aprovechaba de ello.
En lugar de enfadarse, Tabit sonrió. Pero fue Ygritte la que empezó a hablar antes de que le diese tiempo a replicar algo que sin duda empezaría una nueva pelea.
—¿Quieres centrarte? He estado horas ahí afuera, tengo frío. Y nos estamos quedando sin provisiones.
—Si tienes frío, podemos dormir juntos —puntualizó Tabit —. Y sobre lo de comer... —hizo un gesto obsceno con la mano, que daba a entender muchas cosas.
Rot se rió por lo bajo mientras Ygritte esbozó una especie de media sonrisa, un tanto cruel.
—Oh, ¿Te refieres a...? ¿En serio? ¿Te crees que eso me quitaría el hambre? —dijo, recalcando la palabra 'eso', tal vez más de lo necesario.
'Eso' hizo que Rot se riese aún mas, y Tabit le dió un puñetazo en la boca. Ygritte también se rió, sabiendo lo mal que se sentiría después.
«¿Y este es el hombre libre al que ví aquella noche? Casi parece que se esté desvaneciendo ante mis ojos.»
Aquel día Ygritte intentaba mejorar su puntería con el arco, sin conseguirlo. Tabit se había acercado por detrás. Estaba muy borracho, pero cuando estaba ebrio su ingenio se agudizaba.
—Buenos días, mi bella dama, ¿que hacéis tan sola por el bosque?
Ygritte trató de disimular un escalofrío que recorrió toda su espalda. No lo había visto venir, y tendría que haberlo hecho. Eso la puso de mal humor.
—Somos gente libre, no como los del sur, con sus Damas, Lords y Señores. Vuelve a llamarme 'mi bella dama' y creo que no podrás llamarle así a nadie nunca más con el mismo fin.
—¿Y cuál es ese fin?
Ella se dió la vuelta e iba a marcharse, airada, pero Tabit la siguió un par de metros y atrapó su brazo. Era un agarre fuerte, tan fuerte como ella. Fuerte como el fuego.
—Quiero besar... Besar el fuego.
Sus ojos brillaban.
Entonces él la cogió en brazos y cuando empezó ella ya no quiso que parase. Pensaba que la borrachera y la resaca le quitarían el recuerdo, pero era difícil olvidar su encuentro con la chica besada por el fuego. Tal vez por eso no lo había hecho.
—Eh, dos-conejos, te toca hacer la primera guardia —Rot se rió con su propio chiste.
—Mejor llámame dos-cojones, idiota, porque es lo que tú no tienes. Dame ese maldito conejo.
Rot le lanzó una mirada asesina, y Tabit, en cambio, una profundamente sorprendida. Ygritte le miró como si fuese un Cuervo. Entonces él empezó a reír. Tabit tenía una risa grave y profunda, pero lo mejor era que se reía sin ningún motivo. Rot maldijo en voz baja y empezaba a levantarse cuando, de pronto, simplemente se cayó al suelo y empezó a reírse también. La pelirroja no podría haber estado más sorprendida que entonces.
—¿Qué mierda estáis...? ¿Os creéis que es...?
No paraban de reírse. Ygritte les miró. Sonrió. Abrió la boca para decir algo hiriente como «bastardos», pero en su lugar salió una carcajada. Y luego otra.
Dos minutos después ya se había tranquilizado.
—Iros a la mierda.
Si hubiese sabido que esas iban a ser las últimas palabras que les llegaría a dedicar, tal vez habría cambiado la frase. Podría haber dicho «buenas noches», pero esa no sería la chica besada por el fuego. La chica de la que todos hablaban.
Ygritte se recostó sobre el tronco que quedaba, e intentó dormir con todas sus fuerzas, mientras los escuchaba despellejar a los conejos que había traído. «Al fin y al cabo te los vas a comer, ¿eh Rot? La próxima vez te mandaré a ti a por tu asquerosa comida.» Y se durmió, con su mente girando aún sobre ese pensamiento. Más bien, estuvo a punto de dormirse, arropada bajo sus múltiples capas.
Porque le despertó el sonido de un corte y una caída. La caída de alguien muerto. 

2 comentarios:

  1. A ver, moscovita, a ver. Sobra decir que tienes la mente sucia y los personajes también. Lo importante es MUERTES. ¿Quién leñes hace un primer capítulo con tres personajes y mata a dos al final? ¿Para qué los presentas y nos haces creer que van a seguir ahí? -.- Menos mal que ninguno se había convertido en mi platónico, porque tendríamos un problema.

    ¿Vamos a tener capítulo todos los viernes o será sin fecha fija?

    Tulipau.

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    1. PFFJAJAJAJJA, ¿MOSCOVITA? San Petersburgo, whore.
      Teniendo en cuenta las barbaridades que pone George a esto no se le puede llamar mente sucia de ningún modo. SON SALVAJES, PLS.
      Sobre las muertes... Repito: THIS IS PONIENTE, AND GEORGE MARTIN RULES. SO PEOPLE WILL DIE. Por eso mismo causa menos dolor, se sabe con antelación que morirán :D (o no). El tema es que en el siguiente conocerá a Jon.
      Pues la verdad es que no sé... Lo más probable es que cuando tenga uno listo lo suba sin más, intentando evitar Sábados y Lunes. Ña.
      Muchas gracias por el comentario :)

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